El recrudecimiento de conflictos armados en distintas regiones del mundo está teniendo un impacto directo en el sector del metal. Según expertos de la industria, los enfrentamientos en zonas estratégicas y las sanciones económicas impuestas a países productores han complicado la extracción y exportación de materias primas esenciales, como el acero, el aluminio y el níquel, presionando los precios al alza.
Asimismo, el encarecimiento del gas y la electricidad ha incrementado los costes operativos de las fundiciones, especialmente en Europa.
Por otro lado, la demanda de metales vinculados a la industria armamentística ha experimentado un aumento, lo que contribuye a una mayor presión sobre los precios. Este incremento contrasta con la desaceleración en otros sectores, como la construcción, creando un mercado desigual y volátil.